Si hay un punto de bordado que parece mágico, es el punto margarita. Con una sola lazada, en el lugar justo, aparece un pétalo perfecto; cinco o seis alrededor de un centro y ya tienes una flor. Se llama lazy daisy (margarita perezosa) precisamente por eso: es de los puntos más fáciles y rápidos del bordado y, al mismo tiempo, de los más vistosos. Es el primer punto que impresiona que aprende casi todo el mundo.
Lo mejor es que no necesitas saber bordar para hacerlo: si sabes pasar una aguja por la tela, en diez minutos ya estás armando florcitas. Hoy te lo muestro paso a paso, con los trucos para que los pétalos queden parejos, ni muy flojos ni muy apretados, y algunas ideas para usarlo más allá de la flor clásica.
Qué es el punto margarita
El punto margarita es un punto de cadena suelto: en lugar de encadenar muchas lazadas seguidas, haces una sola y la fijas con una puntadita en la punta. Esa lazada cerrada es el pétalo. Como cada pétalo es independiente, los puedes acomodar en círculo para una flor, en fila para una hoja o sueltos para llenar un espacio.
Se borda con hilo de bordar (el de madejas, que se separa en hebras) y aguja de bordado. Con más hebras, pétalos gorditos y rústicos; con menos, flores finas y delicadas. Esa es toda la teoría: el resto es práctica, y es muy poca.
Lo que vas a necesitar
- Una tela de trama no muy cerrada (lino, algodón) y un bastidor para tensarla.
- Hilo de bordar de madeja, en los colores que quieras.
- Una aguja de bordado (de ojo grande).
- Una tijera fina y un lápiz o marcador textil que se borre.
- Opcional: hilo para el centro, si quieres rematarlo con un nudo francés.

El punto margarita, paso a paso
- Sube la aguja en el centro de la flor. Desde el revés, saca la aguja por el punto que va a ser el corazón de la margarita. Ese es el arranque de todos los pétalos.
- Vuelve a clavar casi en el mismo agujero. Mete la aguja muy cerca de donde salió, pero sin pasarla del todo: deja la punta asomando más adelante, a la distancia que quieras de largo del pétalo.
- Pasa el hilo por debajo de la punta. Lleva la hebra por debajo de la aguja, formando una lazada, y recién entonces termina de sacar la aguja. Vas a ver aparecer el pétalo como un lacito.
- Fija la lazada con una puntadita. Justo en la punta del pétalo, por fuera de la lazada, clava la aguja y bájala al revés. Esa mini puntada sujeta el pétalo y no deja que se deshaga.
- Repite alrededor del centro. Vuelve a subir en el corazón de la flor y haz el siguiente pétalo, girando un poco cada vez. Cinco o seis pétalos parejos y la margarita está lista.
- Remata por el revés. Pasa la aguja por debajo de unas puntadas del reverso, sin nudos abultados, y corta.
Secretos para pétalos parejos
- No tires fuerte de la lazada. El error más común es apretar el pétalo hasta que queda finito y duro. Deja que respire: un pétalo relajado se ve redondo y natural.
- La puntadita de la punta, corta. Si la haces larga, el pétalo queda con una colita que se nota. Apenas un milímetro, justo sobre el borde de la lazada.
- Marca el centro y las puntas con un lápiz textil para que todos los pétalos midan igual. Se borran después.
- Usa el bastidor. Con la tela tensa, los pétalos quedan parejos y la tela no se frunce alrededor de la flor.
- Ajusta las hebras al tamaño. Para flores chiquitas, dos o tres hebras; para flores grandes y rústicas, las seis. Mantén la misma cantidad en toda la flor.
- Combínalo con el nudo francés. Un nudo francés en el centro le da ese remate de florcita de verdad.

Para cerrar
El punto margarita es la mejor puerta de entrada al bordado: rápido, agradecido y con un resultado que parece mucho más difícil de lo que es. Una vez que le tomas la mano a la lazada, vas a querer poner florcitas en todo: el bolsillo de una camisa, una servilleta, la esquina de un mantel, una funda de almohadón. Y lo mejor es que cada flor te lleva un par de minutos. Agarra un retazo, hilo de tu color preferido y haz tu primera margarita; te aseguro que no va a ser la última.






