¿Cuántas camisetas viejas tienes guardadas «para pintar la casa»? Sé honesta. Diez, doce, esa de la promoción que nunca te pusiste… Hoy les vamos a dar un destino mucho mejor que el fondo del cajón: una alfombra suave, lavable y gratis, de esas que cuestan una fortuna en las tiendas de decoración «artesanal».
Y un aviso importante antes de empezar: esta alfombra no lleva crochet. Nada de ganchillo ni puntos: solo tijeras, una trenza de toda la vida y unas puntadas a mano para fijar la espiral. Si sabes hacerle una trenza a una niña, sabes hacer esta alfombra.
Cuántas camisetas necesitas
Para una alfombra redonda de unos 60 a 70 centímetros calcula entre 8 y 12 camisetas de adulto. Cuanto más grandes y de algodón más puro, mejor: el jersey de algodón se enrolla solito al estirarlo y forma ese cordón regordete que llamamos trapillo. Piensa los colores como si eligieras lana: dos o tres tonos que convivan bien (por ejemplo, menta, rosa viejo y gris) lucen mucho más que diez colores peleándose.
Materiales
- 8 a 12 camisetas de algodón limpias (las manchadas sirven: la mancha se pierde en la trenza)
- Tijeras de tela bien afiladas
- Aguja lanera o de colchonero e hilo grueso resistente (o hilo de bordar doble)
- Alfileres de gancho para sujetar la espiral mientras coses
- Opcional, para la versión anudada: un trozo de malla antideslizante de bazar

Primero: convierte las camisetas en tiras
Corta cada camiseta justo debajo de las mangas y quita el ruedo: te queda un tubo de tela. Aplana el tubo y haz cortes paralelos de 2,5 a 3 centímetros de ancho, pero ojo con el detalle que cambia todo: los cortes nunca llegan hasta el borde; deja una franja de unos 3 centímetros sin cortar en un costado. Después abre esa franja sobre tu mano y corta en diagonal de una ranura a la siguiente: en vez de aros sueltos, obtienes una única tira larguísima. Estírala con ganas y mira cómo se enrolla sobre sí misma: acabas de fabricar trapillo sin gastar un peso.
Paso a paso: la alfombra trenzada
- Une tres tiras con un nudo y engancha ese extremo en algo firme (la manija de un cajón funciona de maravilla).
- Trenza pareja y sin apretar demasiado: una trenza tirante hace que la alfombra se abarquille.
- Cuando una tira se acabe, empálmala: haz un ojalito en ambas puntas, pasa una por dentro de la otra y jala. Queda un empalme plano, sin nudo grueso.
- Sigue hasta tener varios metros de trenza; no hace falta hacerla toda de una vez.
- Empieza a enrollar la trenza en espiral, bien apretada en el centro, sobre una mesa.
- Cose por el revés con puntada en zigzag, tomando una puntada de cada vuelta vecina. Sujeta con alfileres de gancho a medida que avanzas.
- Cada tanto, apoya la alfombra en el piso: si los bordes se levantan, afloja la tensión de la costura; si ondula, ajústala.
- Al terminar, esconde la punta de la trenza por debajo de la última vuelta y remátala con varias puntadas firmes.
¿Prefieres no trenzar? La versión anudada
Hay otra manera todavía más simple, perfecta para hacer frente al televisor: corta las tiras en trozos de unos 12 centímetros y anúdalos con un nudo simple en una malla antideslizante de bazar, salteando una celda sí y una no. Cuanto más juntos los nudos, más mullida y tupida queda. El resultado es una alfombra tipo «peluda», ideal para la salida de la ducha. Eso sí: esta versión traga más camisetas que la trenzada, así que vacía el cajón completo.
Secretos para que dure años
- Mezcla camisetas de grosor parecido en una misma trenza: una tira finita entre dos gruesas se nota como un escalón.
- El centro de la espiral es el que más sufre: cóselo con doble pasada de hilo.
- Lávala en el lavarropas con ciclo suave y dentro de una funda de almohada; sécala siempre en plano, al aire.
- Si la quieres antideslizante, cósele por debajo unos triángulos de la misma malla de bazar en tres o cuatro puntos.
- Guarda las mangas y los retazos: sirven de relleno para un alfiletero o para la próxima versión anudada.

Del cajón al piso, con historia incluida
Lo más lindo de esta alfombra no es lo que ahorraste, aunque no es poco. Es que cada vuelta de la espiral tiene memoria: la camiseta del viaje, la del equipo, la que usabas para dormir. Cuando alguien la elogie —porque la van a elogiar— vas a poder decir esa frase que nunca falla: «la hice yo, con lo que tenía en casa». Y ya verás que enseguida alguien te trae una bolsa de camisetas para encargarte la suya.






